Llamenle Don José Eulogio

Hay épocas en la vida en la que los acontecimientos se suceden rápidamente en muy poco espacio de tiempo. Así le pasó en octubre de 1966 a un veinteañero que acababa de fichar por el Atlético de Madrid. José Eulogio se llamaba pero jugaba bajo el nombre de Gárate, su apellido paterno. Tal día como hoy, 16 de Octubre, de ese año de 1966 debutaba en el Atleti, en el Estadio del Manzanares, en un partido que acabó con victoria por 2-1 frente a Las Palmas. Días después, el 20, cumplía 22 años. En poco más de cuatro días Gárate había debutado en el vigente campeón de Liga y había celebrado su cumpleaños. Seguramente lo celebró. Seguramente no sabía que toda una generación de colchoneros iba a celebrar sus goles como propios y quizá tampoco podía imaginar que en ese Atleti campeón su figura iba a destacar por encima del resto.

Quien le vio jugar le recuerda con adjetivos como elegante, caballeroso, efectivo y hay quien no duda en calificarle como el mejor “9” de la historia del Calderón. No puedo atreverme a decir si esta afirmación es cierta o no, puesto que no lo vi jugar, pero si nos acercamos a sus números vemos que no sólo fue un grande sino que fue un grande en una época donde ser una estrella en el el Atleti era  algo que había que ganárselo día a día.

Gárate, el Ingeniero del área como le llamaban, consiguió tres pichichis, todos compartidos, y se convirtió en el segundo jugador rojiblanco que conquistaba el trofeo tras el legendario Pruden, y no sólo eso ya que es el jugador del Atleti que más veces lo ha logrado en la historia. Incluso si queremos establecer una comparación “odiosa”, sólo hay 6 equipos en la historia de la Liga española que tengan más pichichis de los que él consiguió.

Además de esos reconocimientos personales, Gárate consiguió, durante sus once temporadas en el Atleti (impensables en este Atleti actual), 3 Ligas, 2 Copas del Rey y 1 Copa Intercontinental. Además del maldito subcampeonato de Copa de Europa de 1974. Casi nada. Y quizá, si no consiguió más titulos (y quizá el Atleti tardó en volver a ganar algo por su marcha) fue por una patada, una de las muchas patadas que recibió y no devolvió. Esa patada que se llevó en la Final de la Copa del Rey frente al Zaragoza, le causó una herida que se le infectó y casi le cuesta la pierna, incluso la vida, pero al final “solo” le costó dejar huérfano al Atleti.

Por sus goles le recordamos y por su estilo le veneramos. Grande Gárate. Grande Don José Eulogio.

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