El hábito de ganar

Si algo bueno tiene el Atleti del Cholo es que es un equipo de costumbres y de hábitos. Este equipo tiene la norma de no dar un balón por perdido, tiene el hábito de que todos los jugadores han de ser solidarios con el de al lado y lo más importante, la afición sabe que este equipo ha hecho de la entrega una sana costumbre.

Gracias a ello puede suceder que Simeone decida dejar al jugador con más calidad de la plantilla, Arda, y al más en forma, Diego Costa, en el banquillo y la afición ni se inmute. Sabe que los que salgan se van a dejar todo en el campo. Aunque uno de ellos sea Adrián, cuya desaparición del once habitual más que preocupante es sintomática. El asturiano tiene calidad y, sin ser un jugador aguerrido, también lucha los balones pero su problema es otro; no tiene confianza. Ayer no le recuerdo ni un sólo uno contra uno. Sus controles fallidos y sus pases errados son una muestra de que el siete no tiene confianza. El porqué de esa falta de confianza es otro cantar. Simeone ha dicho públicamente que confía en él y que le espera cuando en el caso de otros jugadores de calidad, como Reyes, dijo que el Atleti no esperaba a nadie.

El caso es que con las suplencias de Arda y Costa empezó el partido como viene siendo costumbre últimamente, con el Atleti al ataque. Pero esta vez, a diferencia de otras ocasiones, el Atleti tuvo una oportunidad que Falcao desaprovechó y se apagó. Llegaba al área contraria pero le faltaba mordiente, garra, velocidad. Le faltaba Diego Costa. Pasaban los minutos y lo más destacado era otra de las novedades del once, el canterano Manquillo. El chaval jugó ayer un muy buen partido y demuestra que puede suplir a Juanfran en cualquier momento. De hecho, la banda derecha fue por la que llegó todo el peligro en la primera parte. Incluido el gol en el que también participó buscando la espalda al lateral para que Tiago, otro que va a más, le pusiera un pase en largo con el que asistir a Adrián que por un momento olvidó su fobia al disparo y marcó su tercer gol en Liga. Tras el gol el Levante buscó la portería de Courtois pero sin demasiado éxito.

Adrián justo en el momento de golpear el balón que supondría el 1-0/Foto:Atlético de Madrid

Adrián justo en el momento de golpear el balón que supondría el 1-0/Foto:Atlético de Madrid

En la segunda parte el guión parecía que iba a ser el mismo hasta que los aficionados rojiblancos se encogieron. Alguno hasta rezó al ver a Falcao tirarse al suelo tras una carrera y pedir el cambio. La depresión, miedo o lo que quiera que en otras ocasiones acudía al Calderón cuando su principal pilar atacante se lesionaba estaba vez pasó de largo. Entró Diego Costa como siempre hecho un miura y de él nacería el pase para que Koke, el Pantic vallecano, pusiera un golazo de rosca y de paso finiquitase el partido. Con el 2-0 el Atleti se ciñó a la norma para estos casos, aguantar atrás sin conceder ocasiones y si se puede salir a la contra. Ni siquiera eso le hizo falta porque el Levante ayer no inquietó a Courtois que sigue fiel a su costumbre de dejar su portería a cero en el Calderón. Buen hábito el del belga. Buen hábito el de ganar.

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