El Cholo no frena las tropelías del Gilismo (y IV)

Decía en este mismo espacio en semanas anteriores que la llegada y la exigencia del Cholo Simeone no ha conseguido parar el afán de la directiva por convertir al Atleti en una suerte de mercadillo de futbolistas. Si la plantilla valorada en su conjunto parece contar con una solidez como no tenía desde hacía mucho tiempo, lo cierto es que si valoramos los movimientos de jugadores vemos que esta solidez no es tal y ahí donde lo es, responde más a ¿aciertos? de última hora. En la portería no hay un recambio de garantías a Courtois, en defensa se fichó experiencia gratis para venderla de nuevo y terminar fichando un joven y polivalente defensa belga. En el centro del campo no se satisfizo la única petición expresa del Cholo y a última hora se fichó a una promesa francesa. ¿Y en la delantera?

En la delantera se consumó la venta del mejor delantero del mundo a un histórico francés recién ascendido. Se trató de crear la imagen de que Falcao se iba por dinero, pero lo cierto es que se marchó porque Doyen Group así lo quería. Ni más ni menos. Pero da igual, la directiva contaba con la coartada de que la afición iba a asumir esa venta como normal. Y así fue. Fueron los menos quienes se preguntaron cómo podía ser que no se pudiese mantener a un jugador clave dentro de la plantilla habiendo entrado en Champions y con el aval de 3 títulos en dos años y la posibilidad de disputar otro en agosto (la Supercopa frente al Barça).

Asumida esa venta, la directiva se centró en buscar un delantero que ilusionase y que fuese un recambio de garantías para el colombiano. En un principio se pensó que se iba a invertir el dinero de Falcao para acometer ese fichaje. O al menos una parte. De eso nada. Negredo, Soldado, Luis Suárez, Benteke, fueron muchos los nombres que sonaron para el Atlético de Madrid. Unos (Negredo) más reales que otros (Luís Suárez) que no dejaban de ser los tradicionales rumores de verano. Sea como fuere, la directiva se sacó de la manga un fichaje que era un auténtico golpe de efecto: David Villa. El asturiano salía del Barça por 2,1 millones (pudiendo llegar a un máximo de 5,1) más una opciones de compra sobre dos canteranos rojiblancos. ¿Un chollo? Quizá, pero los mejores años del asturiano pasaron y su estado físico era una incógnita. La afición se ilusionó con un fichaje que colmaba sus expectativas, pero que no dejaba de ser una salida forzada del Barça y un regalo llovido del cielo para el Gilismo.

David Villa el día de su presentación

David Villa el día de su presentación

Además del fichaje de Villa, a finales de la temporada pasada se anunció la contratación de Leo Baptistao. El ex del Rayo Vallecano es una joven promesa que ya en su primera temporada primera en el equipo vallecano había despuntado. Un acierto siempre y cuando el papel del brasileño fuese, a priori, secundario. Pero, ¿alguien puede garantizar que ese iba a ser su papel? No. No porque se especuló con la salida de Adrián hasta el cierre del mercado. No porque incluso se habló de la posible salida de Diego Costa. No porque en un club con las (supuestas) aspiraciones del Atleti se debe de tener al menos 15 titulares de garantías para afrontar todas las competiciones. Y la incertidumbre que genera el espíritu comercial del Gilismo no contribuye a generar esa confianza y esas garantías. A la vista está la trayectoria del club desde su apropiación indebida.

Leo Baptistao. /Foto:Atlético de Madrid

Leo Baptistao. /Foto:Atlético de Madrid

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