El alma del Metropolitano

Siempre he pensado que los campos de fútbol tienen alma, que les rodea algo espiritual, mágico. No puede ser que un lugar donde tantas y tantas personas han sonreído y llorado no quede marcado con esa energía. Quizá por ello representan tanto para su afición. Si los colores y el escudo de los equipos generan un sentimiento de pertenencia y adhesión, los estadios enfatizan ese sentimiento hasta cotas insospechadas.Cuando un aficionado viaja con su equipo fuera de casa, por bonito y cómodo que sea el estadio, incluso por emocionante e importante que sea la victoria, nunca, nunca sentirá por ese lugar lo que siente por su campo. Y es que su estadio es su hogar. El suyo y el de su tribu, el de ese grupo de personas que se identifican con unos colores y cada quince días acuden a la cita con su equipo de manera natural, como si no pudiera ser de otra forma.

Aspecto de la "gradona" el día de la inauguración del Metropolitano./Foto:

Aspecto de la “gradona” el día de la re-inauguración del Metropolitano./Foto:historias-matritenses.blogspot.co.uk

Si hoy los aficionados rojiblancos acuden fielmente al Vicente Calderón, hace más de cuarenta años, cuando el estadio de la ribera del Manzanares aún no existía, los colchoneros de la época iban al Stadium MetropolitanoAquel estadio se construyó en los primeros años de la década de los veinte y se inauguró en 1923 en un partido que enfrento al Athletic de Madrid y la Real Sociedad. En aquel campo también actuaron de local el Racing y la Gimnástica de Madrid. La Guerra Civil destruyó parte de su modesta estructura por lo que tuvo que ser reconstruido. En 1943 se reinauguró con un duelo entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid que terminó con victoria colchonera. El recinto fue sufriendo diferentes mejoras que le dotaron de luz artificial (1943) y llevaron su capacidad hasta los 38.500 espectadores.

Foto coloreada de un partido en el Metropolitano./Foto:historias-matritenses.blogspot.co.uk/

En aquel estadio, que no fue propiedad del Atleti hasta 1950, los seguidores colchoneros disfrutaron de un equipo que se alzó con cinco Ligas, tres Copas del Generalísimo y una Recopa de Europa. Casi nada. En 1966, el Atlético de Madrid se trasladó a su actual casa, el Vicente Calderón y el viejo Metropolitano se demolió dejando su lugar a bloques de viviendas.

Noticia aparecida en 1956 en la que se anunciaba el comienzo de la demolición del Metropolitano./Foto: estadiometropolitano.es

Noticia aparecida en 1966 en la que se anunciaba el comienzo de la demolición del Metropolitano./Foto: estadiometropolitano.es

Si su presencia física desapareció no lo hizo su alma. Más allá de que los seguidores rojiblancos que disfrutaron de los partidos del Atleti en la gradona o en cualquier otro parte de aquel feudo lo recuerden, en el lugar donde se ubicó ha quedado un bonito recuerdo: la silueta del escudo del Atlético de Madrid.  A vista de pájaro, o de Google Maps se puede observar. Allí donde se cantaron los goles, se celebraron las victorias y se soportaron las derrotas colchoneras hoy en día persiste su recuerdo. El alma del Metropolitano tiene forma. La del escudo de sus amores.

En la actualidad el lugar donde se encontraba el Metropolitano./Colchonero.com

En la actualidad el lugar donde se encontraba el Metropolitano./Colchonero.com

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