Courtois y las quinielas de quince

Mi memoria futbolística recuerda a Abel y Diego, pero no es hasta algo después, con Molina, cuando comienzo a tener una valoración mínima del asunto. Desde entonces he visto porteros de todos lo pelajes. Algunos buenos, como el propio Molina o De Gea, otros irregulares como el Mono Burgos o Leo Franco y otros malos como Abbiatti, Coupet, Asenjo o Toni. A los muy malos no los menciono. Esos son como las quinielas de cinco y seis aciertos, no se recuerdan y, además, son incontables. Algo contrario a lo que pasa cuando se logra un pleno al quince. Por poco que sea el premio siempre se recuerda. En el caso del Atlético de Madrid con Courtois le ha tocado el pleno al quince. El problema es que hay otro ganador, el Chelsea.

Salvando las distancias entre el ejemplo y la realidad, el Atleti ha tenido la oportunidad de disfrutar de un portero de los llamados top durante tres temporadas y ahora, si quiere seguir disfrutando de él, debe rascarse el bolsillo. El guardameta siempre ha manifestado estar a gusto en el equipo rojiblanco y no querer ir a un club para ser suplente. Incluso cuando han salido rumores de traspasos en un futuro lejano o negociaciones con algún otro club, el belga las ha desmentido. Sólo piensa en el Chelsea y el Atleti. El problema es que el club que le quiere (el Atleti) no tiene dinero (o eso dicen) y el que no le quiere vender (el Chelsea) no necesita dinero. Eso ha hecho que se especule con una nueva cesión (a pesar de que en el verano pasado se dijo que esa opción era imposible).

Simeone, por su parte, lo tiene claro: “todo lo que se pague por Courtois es poco”. En esto, como en tantas cosas, el Cholo no se equivoca. El cancerbero ha sido el Zamora de la pasada temporada y, previsiblemente, lo sea en la actual. Sus paradas han dado títulos y multitud de partidos a los colchoneros. Eso vale dinero. En este caso se habla de que el Chelsea pediría una cifra cercana a las 25 millones de euros. Una cifra elevada y, a priori, inalcanzable para el Atleti.

Ahora bien, a final de temporada el Atleti no tendría ningún portero. El belga se iría al Chelsea y Aranzubía (al final sí he mencionado a uno de los muy malos) acaba contrato. En ese caso el equipo colchonero debería fichar dos porteros, uno de ellos (al menos) de garantías. Se habla de Keylor Navas, Andrés Fernández o Moya. Cualquiera de los tres sería un paso atrás. Además, en el caso de Navas y Fernández el desembolso rondaría los 10 millones de euros, por lo que el valor diferencial de Courtois, de seguir luchando por títulos o poner otro palo más en la rueda del Cholismo, serían 15 millones. Lo mismo que se pagó por fiascos como Pizzi.

A la vista de esta situación y aceptando que el Atleti ha recibido dinero por el traspaso de Roberto al Olympiacos y lo recibirá del Villarreal si finalmente ejecuta su derecho a compra por Asenjo, ¿no es asumible gastarse 15 millones en Courtois? Digo 15 y no los 25 que costaría porque el Atleti deberá desembolsar dinero por un portero. Y sinceramente, con los porteros como con las quinielas combinadas, son más caras porque son más seguras. En el caso de Courtois, el Atleti se aseguraría un pleno al quince.

 

Las botas de Diego Costa

Diego Costa ha caído en las garras de la moda(?) y desde hace algunos partidos calza unas horribles botas de color chillón. El asunto responde al acuerdo de patrocinio alcanzado entre el jugador y Adidas. El caso es que, aunque comprensible, a mi no me termina de convencer.

Cada jugador va modulando su carácter y la imagen de si mismo que quiere proyectar hacía el resto. Es su marca. La magia de Kiko, sus regates y su juego de espalda a la portería parecían emanar de esas patillas tan perfectamente cuadradas, tan cercanas a la estética flamenca, al arte del sur. Y de firma personal, el arquero. La coleta y la perilla de Roberto Baggio remarcaban su calidad especial. No defendía y atacaba cuando quería, pero lo hacia increíblemente bien; las patillas y los cuellos almidonados hacían más agresivo a Cantona. En la actualidad, por poner dos ejemplos contra puestos, valdría la defensa del Barça: la melena leonina de Puyol como muestra de carácter frente al look perfectamente cuidado de Piqué reafirmando su calidad técnica pese a ser un defensa. Incluso la cresta de Balotelli y su Why always me? sirven para reforzar la idea de genio loco.
Hasta ahora el delantero colchonero había lucido unas botas de color negro que encajaban perfectamente con su fama de pendenciero, ajeno a toda norma o moda, al margen de la ley. Su juego y su estética iban acordes. Su ferocidad en el campo se acentuaba con su aspecto.Sus galopadas en solitario, que mas parecían estampidas, con una conducción del balón anárquica tenían su correspondencia en su imagen. Sus pobladas cejas hacen aún más penetrante su mirada, sus arrugas dan un aire irónico a su sonrisa y su corte de pelo a medio camino entre lo casual y lo descuidado completaban perfectamente su personaje. Las veces que ha lucido camiseta de manga corta y guantes han sido toda una declaración de intenciones: lo estético siempre irá por detrás de lo práctico. Y eso se traslada a su fútbol, ni un regate de más, ni un recorte (con rebote) de menos.
Ahora Costa seguirá siendo el mismo, pero su estética ya no acompañará a su fútbol. Su carácter oscuro, su fútbol al límite de la ley del fútbol y de la física, incluso del azar (¿cuántos rebotes favorables pueden darse en una misma jugada?), no tendrá plena correspondencia con su aspecto. Sus botas de colores histriónicos chocan con el carácter de un jugador que no exagera ni una sola de sus acciones. Diego Costa, el delantero al forajido, ha sido apresado por la más terrible de las leyes, la de la moda deportiva.

Cuando descubrí a Luis Aragonés

No recuerdo la fecha exacta, pero sería allá por 1994. No recuerdo el motivo concreto, pero sé que salía Luis Aragonés en el telediario, imagino que en una rueda de prensa de un partido. No sé porqué, pero dije algo sobre malo sobre aquel hombre de gafas y pelo cano. Mi padre me echó la bronca. Por la “palabrota” que supongo que diría y además me dijo que ese señor de gafas era Luis Aragonés “uno de los más grandes del Atlético de Madrid”.

Cromo de Luis Aragonés en su época de entrenador del Sevilla

Cromo de Luis Aragonés en su época de entrenador del Sevilla

A mi, principiante seguidor del Atleti, me picó la curiosidad. En una época sin wikipedia ni internet donde buscar en segundos lo que necesitas, me costó un poco lograr saber quien era aquel hombre. Más aún entender la verdadera dimensión de Luis Aragonés en el Atlético de Madrid. A decir verdad, quizá ni hoy en día sea consciente de lo que significa su figura para las rayas rojas y blancas. El caso es que sin apoyos colchoneros en mi entorno y sin más ayuda que la Don Balón y los cromos de fútbol empecé a indagar quien era ese tal Luis Aragonés. Gracias a ellos supe que había estado diez años como jugador y más de quince como entrenador y que había ganado muchos títulos con el Atleti.Desde aquel momento decidí que si quería ser un buen colchonero tendría que saber la historia del club, quién era quién. No podía volver a insultar a un emblema de mi equipo. Lo que sé hoy sobre el Atlético de Madrid se lo debo a Luis Aragonés. Y a mi padre.

Años después de aquello, el Sabio de Hortaleza volvería al Atleti para sacarle de los infiernos. Crearía una identidad y un estilo de juego para la selección y la puso en el sendero de la victoria. Con el tiempo he podido ir conociendo la historia futbolística de Zapatones, así le llamaban en su época de jugador, su forma de jugar, de entrenar y de ser. Él era el Atleti. ¿Cómo si no podría haber salido un día del vestuario siendo entrenador y haber vuelto al día siguiente siendo el entrenador de los que hasta el día anterior habían sido sus compañeros? Porque él era el rojo y el blanco, el oso y el madroño. Aunque no estuviera ligado al club mediante un contrato sí lo estaba por sus ideales y por su amor por estos colores. Cuando se enfrentaba a futbolistas (Romario, Eto’o, Raúl) que se creían por encima del resto, cuando cogía por la pechera a un tipo que pretendía usurpar (y lo lograría) el espíritu colchonero,cuando renunciaba a entrenar al Mallorca en Champions por ayudar a su Atleti a volver a primera, cuando le pedía a un árbitro auxiliar que no pisara el escudo de su equipo o cuando utilizaba ejemplos de barra de bar para explicar cualquier situación futbolística, incluso cuando utilizaba al hablar su famosa coletilla “y tal” (por eso este blog se llama así)  cuando hacía todo eso, estaba humanizando lo que es el Atleti: una bendita imperfección que no deja indiferente a nadie y que sobre todo es de todos. Orgulloso y humilde a la vez.

Desde hoy las rayas rojiblancas del escudo del Atleti brillan un poco menos en la tierra, pero mucho más en el cielo. Sólo queda decir, gracias por todo Luis. Y es que cuando uno descubre a Luis Aragonés está descubriendo al Atlético de Madrid.

Luis Aragonés con la camiseta del equipo de sus amores.

Luis Aragonés con la camiseta del equipo de sus amores.