Ser del Atleti mola

Recuerdo que en mi infancia era el único del Atlético de Madrid en el colegio. Hasta bachillerato nunca tuve un compañero colchonero. En la universidad fuimos algunos más, pero siempre en inferioridad. Nunca me ha importado demasiado, aunque a veces, de niño, cuando el equipo perdía (demasiadas por obra y gracia del Gilismo), se echaba de menos un compañero que batallase hombro con hombro esas “peleas” de patio de colegio. ¿Por qué recuerdo esto? Fácil, hoy un niño de mi pueblo me ha confesado que es del Atleti “para que no se metan conmigo”. Al decirme eso he pensado que sería de cualquier equipo salvo Barça o Madrid. Para mi sorpresa me ha dicho que él en el fondo es del Barça, pero que sus amigos son todos del Madrid o del Atleti y si les dice que es del Barça se meten con él. ¿Y por que no del Madrid? “Porque el Atleti mola más”. Como ha cambiado el cuento.

Pancarta del FA./Foto:Atlético de Madrid

Pancarta del FA./Foto:Atlético de Madrid

Más allá de la “maldad infantil” que es capaz de hacer pasar un mal rato a un niño por ser fan del líder de La Liga, he pensado en la suerte que tienen los niños del Atleti de vivir el Cholismo. Y los mayores, claro. Mientras que unos crecimos con Kosecki, gritamos con el gol de Pantic en La Romareda, soñamos con una Champions que se desvaneció en una maldita prórroga y lloramos como Hasselbaink sobre el césped del Tartiere. Otros, los niños de ahora, han crecido con el gol de Simao al Recre, el de Forlán al Liverpool o los de Falcao al Athletic. Se han sentido orgullosos de ser colchoneros aún habiendo perdido una final de Copa, han podido levantar un cojín subidos en el sofá emulando a Antonio López o Gabi. Mientras que para los niños de los 90 Miranda era una ciudad burgalesa, para los que hoy son niños rojiblancos Miranda es alegría. Mejor dicho, A-LE-GRÍA.

Esos niños que no han vivido la plomiza rutina de la derrota, que no han visto desvanecerse un proyecto de cartón piedra tras otro en el mes de octubre, esos niños son felices gracias a las rayas rojas y blancas. Y los que no las sienten, se las ponen. Por conveniencia, por envidia o simplemente por saber que se siente cuando se forma parte de algo tan bonito. Y es que hoy por hoy, los niños quieren ser del Atleti. Porque mola.

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Cómo hemos cambiado

Hace prácticamente cuatro años el Atleti caía eliminado de la Champions. Sólo un punto, ante el APOEL en el Calderón en la primera jornada, le condenaba a quedar apeado de la competición con apenas cuatro jornadas disputadas. El cuadro rojiblanco no sería capaz de ganar un partido en aquella edición y sólo la victoria en la última jornada del Chelsea, ya clasificado, sobre el APOEL le permitió disputar la Europa League que posteriormente ganaría. Aquel Atleti llegó a la E.L. sin haber sido capaz de ganar ni un sólo partido al endeble APOEL. Es más, sólo el gol de Simao en Chipre (que empataba el encuentro) permitió a los colchoneros quedar terceros de grupo. Y con un balance paupérrimo: tres puntos gracias a tres empates, tres goles a favor y doce en contra. Números dignos de sonrojo.

A pesar de contar con Agüero y Forlán el Atleti cayó eliminado de la Champions en la primera fase

A pesar de contar con Agüero y Forlán el Atleti cayó eliminado de la Champions en la primera fase

Por aquel entonces el Atlético de Madrid había destituido a Abel Resino y había fichado a Quique Sánchez Flores como su sustituto. Agüero y Forlán eran las estrellas del equipo,  De Gea sólo había disputado dos partidos ligueros con el Atleti y Reyes aún no había sido perdonado por la parte de la afición que luego lo haría. En el equipo estaba un vilipendiado Raúl García y un canterano prácticamente desconocido que apenas jugaría cuatro encuentros con el primer equipo. Si, hablo de Koke. La situación era propia del Gilismo más puro, con un equipo que cosechaba debacle tras debacle y miraba con la misma ilusión a los puestos UEFA que con temor al descenso y la afición deseaba que los cruces de la Copa del Rey fuesen asequibles para soñar con disputar un título. Aquel verano la directiva decidió apretarse el cinturón y sólo fichó a Asenjo, Salvio, Roberto y a Cabrera, mientras que repescó a Reyes, Cleber Santana y Jurado. Juanito llegaría libre. La afición aceptó que no se invirtiera en fichajes porque la crisis arreciaba, pero no entiendo que se vendiera a Heitinga con el mercado ya cerrado. Con eso simplemente tragó como con tantas otras cosas. Aquel era un equipo muy débil fuera de casa (en toda la Liga sólo ganaría dos encuentros lejos del Calderón) y llegaba al mes de diciembre con sólo dos victorias y cuatro empates. Amén del desastre en la Champions.  Yes que aquella, la de temporada 2009/2010, fue la peor participación del Atleti en la historia de la Copa de Europa. ¿Será esta la mejor? 

Hace unos meses los aficionados colchoneros sonríen más. Y mejor

Hace unos meses que los aficionados colchoneros sonríen más. Y mejor.

Lo sea o no, el Atlético de Madrid vive una situación deportiva diametralmente opuesta a la de hace uatro años. Aunque más que cuatro parezcan cuarenta y el cambio sea fruto del azar que quiso que la directiva buscase en el Cholo el parapeto ideal ante las (escasas) críticas y se encontrase un sensacional entrenador. El equipo avanza con paso firme en Liga y en la Champions. Simeone manda, los jugadores ejecutan y la afición disfruta. Que lo haga, pero que recuerde.

Por un Atleti digno se tienen que marchar./Foto:Cadena Ser

Por un Atleti digno se tienen que marchar./Foto:Cadena Ser

Identidad reconstruida

Así titula la revista Panenka su número 24 dedicado, en gran parte, al Atlético de Madrid. La publicación trata a lo largo de una veintena de hojas asuntos tales como esenosequé arraigado en lo mas hondo de los hinchas colchoneros, entrevistan a Gabi, el capitán rojiblanco; retratan a través de sus propias exabruptos a Jesús Gil, aquel personaje que se apropió indebidamente del club y raptó el sentimiento rojiblanco convirtiéndolo en una mueca. También hablan sobre el origen del término Pupas y, por último, hablan de Simeone, el que puede ser el antídoto del Gilismo (ojalá). Y todo ello mediante firmas autorizadas.

Si por casualidad aún no conocéis la revista, debéis enmendar ese error. Porque es un error ser futbolero y no seguir una de las publicaciones de calidad que hablan de fútbol, de los intangibles que lo rodean, de la cultura, de las aficiones, del pasado y del presente. Y sin trincheras. Es posible. De hecho, junto a Líbero, me parecen dos publicaciones imprescindibles.

Portada del Panenka #24

Portada del Panenka #24

Volviendo a la edición de Panenka dedicada al Atleti hay algo que llama la atención cuando se ojea por primera vez la revista: saben de lo que hablan. Y es que algunos de los que firman esos artículos, viven la vida en dos colores, el rojo y el blanco. Uno de ellos, Ennio Sotanaz, es un asiduo de páginas web rojiblancas como ForzaAtleti o La Vida en Rojiblanco. Su amor y su saber sobre el universo colchonero merece que se le preste atención. Más aún si va acompañado de los comentarios de Iván Castelló, Julio Ruiz o Vicente Vallés.

Tras el reportaje la entrevista a Gabi. O como dicen Sid Lowe y Aitor Lagunas (los autores de la misma) Capitán Fernández Arenas. La entrevista larga e interesante, termina con una foto del futbolista en Neptuno celebrando la Copa. A la foto le acompaña un pie de foto que, quizá sin quererlo, define la importancia de contar con canteranos en el equipo. El pie de foto dice así: “La felicidad debe parecerse mucho a esto: un aficionado se convierte en capitán de su equipo…y gana”. Cuando hay sentimiento de pertenencia además de talento, todo es más fácil.

Hablar de Atleti necesariamente obliga a hablar de Jesús Gil. Y no para bien precisamente. En la revista lo llaman Tsunami Gil y Gil. Nada más que añadir. Donde tampoco hay mucho más que decir es en el texto de Chema Valdivieso sobre el Pupas. Su lectura es obligatoria para quienes se escudan en la versión cani del Pupismo.

Y por último, Rubén Uría habla de Simeone, la situación previa a él y lo que ha generado. Si seguís al “Hacha” seguro que os suena su breve y excelente análisis, “recibió un cadáver y devolvió un campeón”.  Larga vida el Cholo. Y a revistas como Panenka.